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domingo, noviembre 25, 2007

Jean-Claude

La vida continúa, como dije en el último comentario de mi anterior entrada. Ha sido una semana intensa de actividad y emociones, de viajes y encuentros. Ya de vuelta a casa, hoy os quiero presentar a Jean-Claude Gimard, un actor francés con años de oficio que derrocha simpatía, modestia y, sobre todo, esa loable cualidad de los grandes actores: generosidad.

Jean-Claude
fue durante los últimos años y películas el discreto y desconocido doble de luces de Fernando Fernán-Gómez, ya sabéis, ese profesional que sustituye al actor en los ensayos de luces y cámaras o, si la ocasión lo requiere, de peligrosidad o dificultad física en la escena. Ya veis, en el cine todo es mentira, aunque la mentira sirva para hacer más verosímil la realidad. Jean-Claude también tuvo la suerte de conocer y tratar de cerca a Fernando y, como todos los que le conocimos, ha sentido su pérdida muy profundamente.


Jean-Claude
, como podéis comprobar, también posee la sonrisa bonachona del pelirrojo pícaro y la mirada dulce, profunda e ingeniosa del sabio tranquilo que ya ha vivido todo tipo de experiencias. Jean-Claude es además una de las personas más humanas y bondadosas que conozco. Él iba a sustituir a Fernando en ciertas secuencias, algunas de ellas tan desagradables como meterse dentro de un ataúd. Os lo digo con conocimiento de causa ya que yo “probé” antes el féretro para saber si tanto él como Fernando iban a estar medianamente cómodos (y descubrí que no).


Con la triste desaparición de Fernando, ahora espero que nuestro amigo Jean-Claude pueda poner también su rostro a Cándido, el protagonista fallecido de LMVD. Creo que será una forma de homenajear a don Fernando Fernán-Gómez y a su obra porque, salvando las lógicas distancias, LMVD bebe de las fuentes de “extraños viajes” o “viajes a ninguna parte”. ¿No es acaso la muerte un extraño viaje a ninguna parte? En gallego existe una palabra muy bonita para designar el acto de morir, el óbito: “pasamento”, quizá porque los gallegos pensamos en la muerte como un paso, un viaje, un tránsito, un cruzar el río, un embarcarse en el último gran viaje sin retorno, un enrolarse en la última campaña, una estación término.


Jean-Claude
, si te apetece, contamos contigo para el papel. Espero verte en muy poco tiempo de nuevo por Ribadeo. Muchas gracias.


Sed felices.

martes, abril 10, 2007

María y Sergio.

En la estadística sobre qué es lo que más les interesa conocer a los visitantes de este blog sigue en cabeza todo lo relacionado con el equipo artístico.

Hoy quiero hablaros de María y Sergio, que son precisamente los actores más jóvenes del reparto. A María Castro la conocí en un casting buscando una actriz para interpretar el papel de una aspirante a cabaretera en una entrega de premios de los Mestre Mateo del audiovisual gallego. ¡Qué deciros! Mi querida pelirroja pizpireta llegó, vio y venció —y por el medio cantó, bailó, actuó, convenció y brilló como sólo las estrellas con luz propia saben hacerlo—. En el mismo instante que la elegíamos tuve claro que tenía que ser mi María (curiosamente, el personaje de la película también se llama como ella, aunque el guión estaba escrito cuando María, la de carne y hueso, todavía debía vestir uniforme de colegio y puede que hasta llevase un alambre en los dientes…). Eso sí, reconozco que la hice sufrir un poco porque no se lo dije hasta un año y pico más tarde. Mientras tanto, le seguí la pista e incluso volví a trabajar con ella, mejor dicho, con su voz. Su disciplina, voluntad y talento me confirmaron lo que mi estómago —los directores debemos dejarnos guiar muchas veces por el estómago— me apuntó el primer día.

Con Sergio Bermúdez, ese chico risueño, sencillo y con cara de pillo, la cosa fue distinta ya que, por circunstancias y avatares de los rodajes, tuvimos que organizar un casting improvisado y rapidísimo. Bueno, en realidad no hubo necesidad de tal: una rápida conversación durante una apresurada comida —y otra punzada en el estómago— sirvió para convencerme de que era el actor adecuado para el papel de César. Él no probó bocado y se marchó antes de los postres. Para compensar la larga espera que le había infligido a María, traté de hacerlo sufrir hasta el día siguiente, pero por aquel entonces no sabía que Diana y Kira, que también trabajaban en la película (en el departamento de vestuario), eran sus maravillosas hermanas e iba a ser absolutamente imposible guardar el secreto ni media hora. En fin, no me equivoqué —o no se equivocó mi estómago— porque en los ensayos me dejó claro que tenía capacidad, intuición, chispa, aptitudes (y actitud) para ganarse el papel por méritos propios.

César y María, María y Sergio, son una de las parejas protagonistas de “Los muertos van deprisa” y da gusto verlos juntos y rodeados de actores veteranos, con gran experiencia y trayectoria, pero con las mismas ganas, ilusión y tenacidad que el que más.

Una de las satisfacciones más grandes que puede experimentar un director es descubrir que tiene olfato y saber, cuando aún están empezando (antes que los “descubran” otros), quiénes van a triunfar. Para mi propio regocijo, María y Sergio me han regalado el privilegio de haber sido uno de los primeros en confiar en su profesionalidad, proeza que me resulta más gratificante que ganar un Goya (creedme, os lo dice uno que ya tiene la parejita).

No me equivocaré si aventuro que María y Sergio son dos grandísimos actores que alcanzarán todo lo que se propongan en su oficio porque poseen habilidad, soltura, preparación y facultades para ello. Y, por si fuera poco, tienen un gran futuro por delante donde otros sólo tenemos presente (y algunos ya sólo pasado). Pero lo más importante es que son además dos personas maravillosas, humildes, cordiales y honestas. ¡Buena gente! Y, más que de trabajar con ellos, me enorgullezco de que sean mis amigos.

Muchas gracias, chicos. Espero tener el honor de volver a trabajar con vosotros en breve. Sed felices.

sábado, marzo 17, 2007

Ernesto y Rosa

Hoy me voy a ver “As últimas lúas” de Furio Bordon, dirigida por Xulio Lago e interpretada por Rosa Álvarez y Ernesto Chao, dos grandísimos actores, protagonistas también en “Los muertos van deprisa” y además buenos amigos. ¡Mucha mierda!

La semana que viene hablaremos de más cosas. Sed felices

sábado, enero 20, 2007

Paco

Hoy quería hablaros de alguien del equipo artístico: mi amigo Paco. Paco es showman, cantante, presentador, humorista, actor… Paco en realidad es un poeta de la vida. Pues bien, hoy quería hablar de él porque interpreta un pequeño papel en “Los muertos van deprisa”, el de un locutor de una cadena autonómica que, enciendas a la hora que sea el televisor, siempre está emitiendo el mismo programa: el que el personaje que interpreta Paco conduce.

Como es lógico, Paco tuvo que grabar su intervención en vídeo antes de comenzar a rodar, para que pudiéramos insertar sus apariciones en los televisores que luego aparecerían en las distintas secuencias de la película. Es decir: Paco es el único actor que ha terminado su trabajo en el largometraje. El caso es que, como aún no habíamos empezado a rodar, se nos olvidó dedicarle un aplauso. Me gustaría que le dedicarais uno, aunque fuera virtual.
¡Señoras y señores, don Francisco Lodeiro ha terminado su papel en la película!
Gracias, Paco. Y, como él dijo en cierta ocasión, Paco es además el único actor que, como productor, ha contratado al director como guionista… Sí, porque Paco es además productor (y presentador) del programa “Cifras e Letras” en TVG
y también “Cifras y Letras” en otros canales de la FORTA—, para el que yo tengo el privilegio de escribir de vez en cuando guiones. Nos os lo perdáis.


Las fotos son cortesía de Isabel Escrigas (la chica de la cámara). Gracias Isa ;) Sed felices.